1768
Londres
Abriendo cabezas
Me, I’m waiting so patiently
Lying on the floor
I’m just trying to do my jig-saw puzzle
Before it rains anymore
La voz de Richards repite el estribillo. Es 1968, y suena en el tocadiscos Beggars Banquet, el nuevo álbum de los Rolling Stones.
Dos siglos pasaron desde que John Spilsbury inventara inadvertidamente el rompecabezas. Desde chico se daba maña con el dibujo, lo mismo que su hermano mayor. Tal vez por imitación, o por inclinación natural, había seguido sus pasos, estudiando él también el oficio de grabador. Se vive bien con eso, el trabajo nunca escasea. Puede ser para ilustrar las entradas de una enciclopedia o hacer estampas que adornen las páginas de los muchos libros y publicaciones que circulan en ese siglo de las ideas. Lo mismo sirve para dibujar mapas.
Hace tiempo que la tierra pareciera estar creciendo a cada rato. Mares y océanos que antes no estaban ahora cubren enormes extensiones, y de esa agua brotan constelaciones de islas y enormes continentes. Cada cadena montañosa que se revela a los ojos europeos, cada valle, cada río remontado por primera vez por timoneles de rostros pálidos, aunque curtidos, necesita de la mano precisa del cartógrafo.
Ya versado en el arte de las aguafuertes y las aguatintas, la punta seca y el buril, ingresa al taller de un cartógrafo de la Corona, donde aprende los secretos de la confección de mapas. El cartógrafo hace a la inversa del arquitecto. En vez de llevar el plano al mundo real para alzar paredes y techos, o abrir caminos, traslada el accidentado mundo material al plano.
De esta forma Spilsbury aprende geografía y conoce los lugares más recónditos del globo terrestre, aunque jamás haya estado allí.
Dibuja con todo detalle un mapa de Europa, cuando está terminado lo manda a montar sobre una tabla rígida. Corta con prolijidad los límites de cada país, hasta que solo quedan piezas con formas caprichosas. El plano deconstruido puede volver a ordenarse si se hacen coincidir las fronteras.
Enseguida los educadores británicos adivinan su potencial pedagógico y lo incorporan como material didáctico. Identificar las formas de los países y saber situarlos es fundamental para aprobar la materia Geografía. Los «dissected maps» son una grata manera de estudiar durante todo el siglo XIX.
Hasta que, en 1870, la empresa de juguetes norteamericana Milton Bradley ofrece al público un nuevo producto, dándole una vuelta de tuerca al concepto de Spilsbury. The Smashed Up Locomotive es el primer «jigsaw puzzle» infantil. Sus piezas hexagonales se arriman a otras en forma de polígonos irregulares. Está fabricado sobre una plancha de madera delgada cortada con una sierra vertical mecánica. Hay que ordenar el caos y reconstruir la imagen litografiada de una locomotora.
El público adulto también goza con los rompecabezas; es el pasatiempo de moda entre la gente sofisticada. Armarlos lleva tiempo y mucho cuidado; el título en la caja con las piezas de madera hace intuir la imagen final. Desentrañar el misterio es un proceso largo, un acertijo que solo se revela al colocar las últimas partes. Obras de arte, paisajes exóticos y exquisitas ilustraciones, son los temas preferidos.
El rompecabezas evoluciona, y alguien inventa la característica piecita con entrantes y salientes que permite formar una malla al encastrar una con otra, evitando el desparramo. En el siglo XX, las nuevas técnicas de recorte y el reemplazo de la madera por el cartón hacen más versátil el material y lo abaratan tanto que los puzzles se transforman en un divertimento masivo.

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