ficción lúdica

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Fez, Marruecos

Madre de los chicos

Las laberínticas callejuelas que rodean el gran mercado de Fez tienen la ventaja de ser frescas. Por eso, cuando el sol cae a plomo, muchos se refugian a la sombra de las paredes y bajo los toldos. Fatima no tiene temor de andar sola, es hija de comerciantes. Está acostumbrada a mezclarse entre los vendedores y las multitudes, donde no faltan estafadores y ladrones de toda clase.

Poca diferencia hay entre su Túnez natal y esta ciudad amurallada. Los ojos pequeños pero vivaces de la mujer, casi la única parte de su cuerpo visible tras el atuendo, se detienen sobre un grupo de cuatro hombres jóvenes de aspecto pobre. Parecen concentrados en algo y cada tanto gritan y alzan los brazos. Se queda en un umbral y observa. Están en cuclillas alrededor de un montón de figuras planas. Es el juego de cartas –Fatima lo reconoce–, herencia del pueblo egipcio. Tras verlo unos minutos, se aproxima al grupo y saluda respetuosa, pues está interrumpiendo. Los muchachos la ven con extrañeza cuando les explica que tiene algo para ellos que puede hacerlos mejores y sacarlos de la miseria, viajar, conocer, dejar los vicios. Le preguntan quién es. Fatima responde sólo tres palabras: Oum al Banine. Ellos dudan, pero prometen visitarla al día siguiente, siempre que les sea permitido llevar el juego. La mujer asiente, se inclina y toma uno de los naipes del suelo. Dice que lo devolverá, y sigue su camino.

Fatima al-Fihri todas las tardes recorre el mercado invitando a estudiar en una mezquita única en el Mediterráneo. Su esperanza es volver a Marruecos el centro de comercio y de conocimiento más pujante que haya existido nunca. No puede saberlo, pero su sueño se cumplirá con creces. La Universidad de Qarawiyyin, la primera del mundo, hogar de muchos de los grandes maestros y filósofos de la historia, seguirá enseñando hasta bien entrado el siglo XXI.

 


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