{"id":268,"date":"2019-01-05T21:33:01","date_gmt":"2019-01-05T21:33:01","guid":{"rendered":"https:\/\/gamedesignla.com\/memoriadeljuego\/227-2\/"},"modified":"2020-11-22T11:40:00","modified_gmt":"2020-11-22T11:40:00","slug":"227-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/gamedesignla.com\/memoria\/227-2\/","title":{"rendered":"227"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">1995<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Nagoya<\/strong><\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">M\u00e1quinas del tiempo<\/h2>\n<p>Hasta cinco pisos puede tener un <em>Pachinko<\/em> en el Jap\u00f3n. Y cada piso, cientos de multicoloridas y multirruidosas m\u00e1quinas que trabajan las veinticuatro horas y son deporte nacional. Verdadero furor entre adolescentes y adultos, lugar de encuentro y desencuentro, de amores y odios, de sana diversi\u00f3n y adicciones demon\u00edacas. Meterse en una sala de <em>Pachinko<\/em> es como caer borracho por un caleidoscopio.<\/p>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<p>Filas de japoneses, turistas curiosos y serviles empleados de uniforme pueblan los corredores, flanqueados por hileras de m\u00e1quinas incansables con el poder de distorsionar el tiempo. Si uno se sienta a jugar, de inmediato queda hipnotizado por las luces, la m\u00fasica, la lluvia de bolitas de acero y la pantalla brillante, donde puede haber una historia de peces, duelos de luchadores forzudos o una t\u00edmida adolescente animada que se desnuda de a poco, nunca hasta el final. Y as\u00ed el tiempo se tuerce y se retuerce igual que el intenso humo de tabaco que flota por todas partes, para que al descuido caiga la noche, o llegue la ma\u00f1ana. En un <em>Pachinko<\/em> no hay soles ni lunas, s\u00f3lo un t\u00fanel giratorio de bolitas de acero cayendo por esta especie de pinball vertical.<\/p>\n<p>Las bolitas son diminutas, pero est\u00e1n grabadas con preciosos dise\u00f1os exclusivos de cada sala de juego, porque as\u00ed se evita el tr\u00e1fico ilegal. El jugador de <em>Pachinko<\/em> compra cientos por vez, se las ponen en un balde o una bandeja, y luego pasea por los pisos y corredores buscando la m\u00e1quina que intuye ganadora. Enseguida se sienta, carga un pu\u00f1ado de bolitas en el contenedor, y cuando pulsa el bot\u00f3n de largada empieza el espect\u00e1culo. No se puede desviar la atenci\u00f3n, incluso la vista queda pegada. La cosa es girar el dial del ca\u00f1oncito el\u00e9ctrico que decide velocidad y fuerza, y as\u00ed expulsa un constante flujo de bolitas al cuerpo central de la m\u00e1quina; como dos o tres por segundo. Entonces caen por gravedad y por azar, golpeando obst\u00e1culos, rebotadores y trampas hasta desaparecer en la barriga met\u00e1lica. Pero algunas bolitas fieles se van por los agujeros y de ah\u00ed vuelven como premio al poder del jugador, en un ciclo interminable de incentivo y recompensa. Eso no es todo. A veces la m\u00e1quina decide abrir uno o dos segundos los p\u00e9talos de las troneras centrales, cosa que aumenta la chance de embocar, por eso el jugador veterano achica el ojo y va calculando el instante preciso, la velocidad correcta.<\/p>\n<p>Hasta los a\u00f1os \u201880, los <em>Pachinko<\/em> eran electromec\u00e1nicos, pero ahora tienen computadores. No falta una tragamonedas digital en el centro de la m\u00e1quina, que rueda cuando se acierta un agujero central. El pago siempre es en bolitas, aunque la idea pasa por alinear de tres a cinco figuras iguales, o pegarle justo a la combinaci\u00f3n ganadora, y vuelven a caer m\u00e1s bolitas y el jugador solo mueve la mu\u00f1eca sobre el dial con la mente en qui\u00e9n sabe d\u00f3nde.<\/p>\n<p>Hay que parar en alg\u00fan momento, a veces porque la vida sigue en el mundo real, otras porque se nos terminan las lustrosas bolitas de acero. Uno aprieta el bot\u00f3n de final, que por arte de magia invoca a la asistente de coletas, que parece escapada de un anim\u00e9, para que lleve el balde con bolitas a la m\u00e1quina contadora, y para que la encargada decida el premio. Como el <em>gambling<\/em> es ilegal en el Jap\u00f3n, los <em>Pachinko<\/em> no entregan dinero. Si las bolitas alcanzan, toca algo decorativo o poco \u00fatil, como una lapicera o un mu\u00f1eco. Si son suficientes, algo plateado o dorado, que tampoco tiene valor. Claro que afuera del local hay montones de tiendas donde estos falsos premios de oro y plata se cambian por yenes contantes y sonantes. Eso s\u00ed es legal.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p><img decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-13\" style=\"margin-right: 20px; float: left;\" src=\"https:\/\/gamedesignla.com\/memoria\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/Marvin-Clock.jpg\" alt=\"Marvin Clock\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/p>\n<p>[<a href=\"https:\/\/gamedesignla.com\/memoria\/206-2\/\">206<\/a><strong>:<span style=\"font-size: 18pt;\">227<\/span>:<\/strong>227] <em>&nbsp;&nbsp;<\/em><em>57<\/em><\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1995 Nagoya M\u00e1quinas del tiempo Hasta cinco pisos puede tener un Pachinko en el Jap\u00f3n. Y cada piso, cientos de multicoloridas y multirruidosas m\u00e1quinas que trabajan las veinticuatro horas y son deporte nacional. 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