{"id":180,"date":"2019-01-05T12:04:57","date_gmt":"2019-01-05T12:04:57","guid":{"rendered":"https:\/\/gamedesignla.com\/memoriadeljuego\/135-2\/"},"modified":"2020-11-22T11:39:54","modified_gmt":"2020-11-22T11:39:54","slug":"135-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/gamedesignla.com\/memoria\/135-2\/","title":{"rendered":"135"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">1972<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Santa Clara, California<\/strong><\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">La fiebre Pong<\/h2>\n<p>Una pared que salta en pedazos puede tener dos motivos. Es una explosi\u00f3n, o es Nolan Bushnell abriendo un boquete con una maza.<\/p>\n<p>No queda nadie indiferente a la locura del nuevo prodigio computarizado. La noticia se expande en los alrededores del <em>Andy Capp<\/em>, y cuando echa ra\u00edces en los estudiantes de Stanford, el bar parece un lugar de peregrinaje. Filas de hombres solos y parejas esperan su turno para gastarse los mejores veinticinco centavos del d\u00eda.<\/p>\n<p>El ingeniero All Alcorn ahora se encarga de vaciar el cart\u00f3n de leche en su bolso de monedas durante todo el d\u00eda.<\/p>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<p>Nolan Bushnell ve un gran negocio en <em>Pong<\/em>, que funciona mejor de lo previsto con su inocente truquillo. Cynthia, que a veces es recepcionista, otras personal de limpieza y cada tanto conejillo de Indias, se queja por el tel\u00e9fono que no para de timbrar. Atari est\u00e1 recibiendo pedidos de otros bares interesados en tener sus propias filas de jugadores, porque tambi\u00e9n son potenciales clientes (y muy buenos bebedores de cerveza).<\/p>\n<p>Va y viene Nolan entre Bally Midway y Nutting Associates, echando humo y ofreciendo <em>Pong<\/em>, porque necesita fondos de inversi\u00f3n. Atari por su cuenta no puede construir las m\u00e1quinas. No tiene una l\u00ednea de montaje ni c\u00f3mo distribuir la producci\u00f3n. Pero con la queja de Cynthia cambia de idea. Pide comisiones rid\u00edculas para sacarse de encima las conversaciones previas con ambas empresas y decide presentarse en los bancos en busca de un cr\u00e9dito.<\/p>\n<p>No le va bien, porque para los banqueros los videojuegos son hermanos de las tragamonedas, que vienen arrastrando fama de mafiosas desde que el alcalde de Nueva York las hiciera declarar ilegales. La prohibici\u00f3n se hab\u00eda extendido por todos los estados del pa\u00eds, excepto en Nevada, donde las <em>slot machines<\/em> eran el coraz\u00f3n de la viciosa ciudad de Las Vegas, nuevo asentamiento de la familia Luciano y los aplomados muchachos de Frank Costello. All\u00ed estas ruidosas m\u00e1quinas de apuestas por azar produc\u00edan la mitad de los ingresos de los casinos, toda una barbaridad, y por supuesto financiaban las actividades no muy santas de la <em>cosa nostra<\/em>. Esta mala reputaci\u00f3n de las tragaperras acompa\u00f1ar\u00e1 a los juegos de video durante d\u00e9cadas, incluso cuando la prohibici\u00f3n finalmente termine, en 1976. Pero, en estos a\u00f1os, no se entiende la diferencia entre ambos tipos de m\u00e1quinas.<\/p>\n<p>Nolan entonces decide apostar todo lo que tiene Atari, que no es mucho. Los ingenieros se pasan semanas construyendo las primeras once m\u00e1quinas de <em>Pong<\/em>. Un trabajo fenomenal que tiene doscientos ochenta d\u00f3lares de costo por unidad y se vende al instante por novecientos. En este punto, el prototipo del bar de Andy Capp est\u00e1 recaudando doscientos d\u00f3lares a la semana, una cifra descomunal si se compara con los t\u00edpicos cincuenta verdes de un pinball. Con las ganancias, los sudorosos Atari construyen un nuevo lote de cincuenta m\u00e1quinas, y otra vez las venden de inmediato. El dinero fluye, y Pong se multiplica por los bares y cafeter\u00edas. Luego por las gasolineras y estaciones de autob\u00fas. Luego por los drugstores y las helader\u00edas. Y en cada lugar la gente enloquece para jugar una partidita por veinticinco centavos. No importa que los pinballs den tres partidas por una moneda. <em>Pong<\/em> es caro, pero algo nuevo y f\u00e1cil de jugar. Cualquiera puede hacerlo y todos entienden de inmediato las instrucciones: <em>Avoid missing ball for high score. <\/em><\/p>\n<p>Nolan sigue visitando bancos, y le siguen mostrando la puerta. Hasta que logra convencer a Wells Fargo y obtiene un cr\u00e9dito de cincuenta mil d\u00f3lares, que no es mucho, pero permite que Atari tenga una l\u00ednea de montaje para fabricar ciento cincuenta m\u00e1quinas de <em>Pong<\/em>.<\/p>\n<p>Lo siguiente para Nolan es visitar una oficina de empleo, de la que regresa no muy feliz con un mont\u00f3n de drogadictos en rehabilitaci\u00f3n, <em>Hell&#8217;s Angels<\/em> y otros fen\u00f3menos naturales. Y con un golpe de suerte y de maza, Nolan renta el hangar contiguo que acaba de desocuparse y abre un agujero en la pared para duplicar el tama\u00f1o de la empresa.<\/p>\n<p>Las semanas siguientes son muy similares a un caos, pero Atari logra concretar la producci\u00f3n y despedir a los peores empleados, en especial a los que se robaban los televisores.<\/p>\n<p>Y as\u00ed es como <em>Pong<\/em> se vuelve tan popular. Tanto, que muchos piensan que es el primer videojuego de la historia. En verdad es el primero en estar en boca de todo el mundo, y esto es literal. Los clones del juego empiezan a aparecer como conejos de una galera. Chicago Coins y Williams, que fabrican pinballs, gramolas y m\u00e1quinas de premios operadas por monedas, lanzan sus propias versiones del juego. Bally Midway lo licencia \u2013un cinco por ciento de sus ganancias van a las arcas de Atari\u2013 y lo mismo hace Nutting Associates, que comercializa una versi\u00f3n llamada <em>Computer Space Ball<\/em> y vende cerca de ocho mil m\u00e1quinas, cifra muy parecida a la del propio Atari. En el estado de Florida, Allied Leisure va de un mill\u00f3n y medio de ingresos en 1972 a once millones en 1973 con dos m\u00e1quinas parecidas, <em>Paddle Battle<\/em> y <em>Tennis Tourney<\/em>. Y desde all\u00ed el fen\u00f3meno <em>Pong<\/em> salta los mares en todas direcciones, llevando la idea del videojuego a millones de personas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p><img decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-13\" style=\"margin-right: 20px; float: left;\" src=\"https:\/\/gamedesignla.com\/memoria\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/Marvin-Clock.jpg\" alt=\"Marvin Clock\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/p>\n<p>[<a href=\"https:\/\/gamedesignla.com\/memoria\/134-2\/\">134<\/a><strong>:<span style=\"font-size: 18pt;\">135<\/span>:<\/strong><a href=\"https:\/\/gamedesignla.com\/memoria\/137-2\/\">137<\/a>] <em>&nbsp;&nbsp;<\/em><em>105, 106<\/em><\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1972 Santa Clara, California La fiebre Pong Una pared que salta en pedazos puede tener dos motivos. Es una explosi\u00f3n, o es Nolan Bushnell abriendo un boquete con una maza. No queda nadie indiferente a la locura del nuevo prodigio computarizado. 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