{"id":161,"date":"2019-01-04T19:28:10","date_gmt":"2019-01-04T19:28:10","guid":{"rendered":"https:\/\/gamedesignla.com\/memoriadeljuego\/37-2\/"},"modified":"2019-01-04T19:28:10","modified_gmt":"2019-01-04T19:28:10","slug":"37-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/gamedesignla.com\/memoria\/37-2\/","title":{"rendered":"37"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">1650<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Maracaibo<\/strong><\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">Hay tantas leyes que todos merecemos la horca<\/h2>\n<p>Esteban dibuja en el papel una ele invertida y le hace una base cuadrada. La horca ya est\u00e1 emplazada. Piensa una palabra, esperando que Mart\u00edn no la adivine. Escribe la inicial, la C, seguida de seis guiones, que son los espacios de las letras invisibles de su palabra secreta, y la cierra con la letra final, la E.&nbsp;<\/p>\n<p>C &nbsp;__ &nbsp;__ &nbsp;__ &nbsp;__ &nbsp;__ &nbsp;__ &nbsp;E<\/p>\n<p>\u2014Eh, \u00abM\u00bb de Mart\u00edn \u2013dice Mart\u00edn.<\/p>\n<p>\u2014No. \u2013Esteban&nbsp;dibuja un palito, que representa la soga, y un c\u00edrculo donde ir\u00eda la cabeza.<\/p>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<p>Durante toda la noche, en las mazmorras debajo de la Casa del Gobernador, el reo escucha los martillazos de los carpinteros. Est\u00e1n construyendo la plataforma de madera en el medio de la plaza, a metros de su celda. Con los primeros rayos del alba, lo oye venir, con su andar lento y pesado. Es el guardia de siempre, el mismo que le trae a diario un \u00fanico taz\u00f3n con agua medio sucia y un cuenco con un potaje dif\u00edcil de pasar. Hace seis meses lo mismo. En la mano aferra el aro de hierro con las enormes llaves. Coloca una, gira y destraba el mecanismo. La reja chirr\u00eda lastimera. Y salen. Tiene las piernas cansadas de tanto encierro. El guardia lo acompa\u00f1a hasta los pies del pat\u00edbulo donde, a pesar de la hora, se junt\u00f3 un peque\u00f1o tumulto de gente. Va a ser uno de esos espl\u00e9ndidos d\u00edas del Caribe.&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014Una \u00abS\u00bb, seguro que va una \u00abS\u00bb. \u2013Mart\u00edn est\u00e1 seguro que esta vez sale buena.<\/p>\n<p>\u2014No, qu\u00e9 pena \u2013miente Esteban. Y desde la cabeza hace un palito largo hacia abajo, el cuerpo.<\/p>\n<p>El guardia le da un leve empujoncito, indic\u00e1ndole que suba. Arriba lo reciben tres personas. El verdugo lleva cubri\u00e9ndole la cara una capucha oscura, que termina en punta como un bonete. Si no estuviera en tan penosa situaci\u00f3n, la escena le resultar\u00eda c\u00f3mica. Le dan ganas de re\u00edr, y casi lo hace hasta que ve los gestos adustos del cura y del temible gobernador de Maracaibo, Wan Guld. No es que vaya a tenerles miedo, no despu\u00e9s de diez a\u00f1os de correr\u00edas por las Antillas a las \u00f3rdenes de ese corsario severo pero incurablemente rom\u00e1ntico. No. Pero esos semblantes avinagrados no entender\u00edan su sentido del humor, cultivado a fuerza de ron y meses de encierro entre los mares. El humor es un buen ant\u00eddoto contra la melancol\u00eda que provocan las aguas siempre iguales y el horizonte siempre quieto.&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014Ya s\u00e9, era obvio: \u00abD\u00bb.&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014No. \u2013Dibuja dos palitos cortos que salen del cuerpo cerca de la&nbsp;cabeza. As\u00ed se forma el cuello y los brazos izquierdo y&nbsp;derecho.<\/p>\n<p>Un largu\u00edsimo rosario de cuentas negras descansa enroscado en el brazo del cura, como una serpiente. Se distingue de la sotana negra porque brilla. El cura se acerca, mira al reo con ojos vacuos, hace unos extra\u00f1os movimientos en el aire sobre su cabeza:&nbsp;<em>e<\/em><em>go te absolvo a peccatis tuis in nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti.&nbsp;Amen<\/em>. Y se retira disimulando el bostezo. Wan Guld se toma unos instantes para observarlo y demostrarle su desprecio. El gobernador tiene puesto su enorme sombrero de alerones anchos con pluma a la moda de Flandes. Unas botas altas que lo protegen hasta las rodillas, con cierto taco para elevarse un poco del suelo. Las calzas y la casaca con los finos encajes, el \u00fanico detalle en blanco. Al igual que el cura, viste de negro. Parecen cuervos. Tal vez lo son. &nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014Bueno, la \u00abX\u00bb. \u2013Mart\u00edn ya se reconoce perdedor y quiere acelerar la derrota.&nbsp;Esteban dibuja las dos piernas.<\/p>\n<p>El verdugo le ajusta la soga al cuello con parsimonia. Sabe que el oficio requiere de cierta teatralidad. Que el tiempo se alargue y quede en suspenso por un rato siempre funciona. Se da cuenta, porque los murmullos se aplacan y parece que uno se metiera en una burbuja de silencio. Ning\u00fan ojo pesta\u00f1ea y las toses habituales se corrigen. El p\u00fablico valora estos momentos.&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014La \u00abW\u00bb \u2013su amigo le dibuja unos bonitos ojos abiertos\u2013. Y la \u00abZ\u00bb. <br \/> \u2013Mart\u00edn est\u00e1 fastidiado.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Perdiste! \u2013grita Esteban como si la victoria lo&nbsp;hubiera tomado por sorpresa, y dentro de la cara dibuja una pronunciada \u00abU\u00bb en el lugar de la boca. El monigote parece feliz. &nbsp;<\/p>\n<p>La puerta trampa que hay bajo sus pies se abre con un golpe seco. La gente da un grito ahogado. Algunas damas se dan vuelta impresionadas. Hip\u00f3critas, piensa el reo, mientras queda suspendido en el aire girando sobre s\u00ed mismo como si bailara una danza solitaria. Le aprieta el cuello, no puede respirar, y los ojos se le abren enormes. Saca la lengua a los presentes, con una mueca espantosa, irreverente como siempre. El reo por fin se r\u00ede de todos.&nbsp;<\/p>\n<p>La palabra secreta es&nbsp;C U L P A B L E.&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p><img decoding=\"async\" class=\" alignleft size-full wp-image-13\" style=\"margin-right: 20px; float: left;\" src=\"https:\/\/gamedesignla.com\/memoria\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/Marvin-Clock.jpg\" alt=\"Marvin Clock\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/p>\n<p>[37<strong>:<span style=\"font-size: 18pt;\">37<\/span>:<\/strong>107] <em>&nbsp;&nbsp;<\/em><em>27<\/em><\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1650 Maracaibo Hay tantas leyes que todos merecemos la horca Esteban dibuja en el papel una ele invertida y le hace una base cuadrada. La horca ya est\u00e1 emplazada. Piensa una palabra, esperando que Mart\u00edn no la adivine. 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